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Suicidio


“La vida es bella” dicen algunos, no para un suicida. Cada día es un tormento, despiertas y no
lo quieres aceptar; en las noches llegas a suplicarle a Dios que sea la última. Esas personas
que quieren pintar todo de color de rosa te abruman, la vida es negra y con suerte hay
momentos grises. Quieres apagar todas las velas, todas las luces porque estás ansioso de
conocer la eterna y con esperanza pacífica noche de la muerte.
Han sido demasiadas cosas, antes y ahora lo siguen siendo, como si la vida quisiera verte
ahogándote, no ahogado al fin, pero, sufriendo. El dolor es bálsamo que te recuerda dos cosas:
que aun estas vivo, pero, lo que te alivia es que te dice que un día morirás porque algo así no
puede durar por siempre. Sin embargo, es el sufrimiento el que te tiene en pena, el que no te
deja respirar. Solo quieres que acabe y ojala supieras como hacerlo sin matarte.
Estudias, buscas en las religiones, en la psicología, couches… cualquier cosa, hay algo que les
le falta a todos los maestros de estas disciplinas: “la mirada del infierno”. Lo sabes, no saben de
lo que hablan y por supuesto todo lo que dicen es inútil. Parka, ¿dónde estás? Dios te
abandonó y no sabes porqué. Por favor Padre si me amas, matame; pero no responde, y
amanece otro día y sabes que no será genial, solo sera otro día en la mierda.
Pero estas vivo, así Dios lo quiere o es el Destino, no importa, porque todo tiene su final.

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Despecho

Como una niebla, que quiebra los sentidos; el amor se disfraza de esperanza, desesperado por controlar a otro ser más, inquieto por hacer su labor: juntar. Pero es mezquino con las disculpas cuando se va. Solo queda uno, y desecho.  Apartado del éxtasis de la promesa de vivir con otro, el uno se desvanece en cuestionamientos: ¿por qué?, ¿cómo?, ¿dónde?, dos pueden responderlas, uno solo puede preguntar. El color ya no esta, solo queda ese cuarto negro y vacio, donde una pequeña luz que viene del alma ilumina; justo desde el centro del pecho, es tenue, esforzándose por brillar, pero, ya no hay más, solo queda lo esencial porque el otro ya no está. Así que el reto es descubrir cómo continuar. Sea cual sea el precio, continuar. Y comienza la lucha, incansable por las razones, que no son pocas, y ninguna es suficiente. Como pez volviendo al agua, respira la amargura de la soledad.

Psicosis

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