Ves, oyes, caminas, comes como alguien normal, solo un problema: no estás seguro si lo que ves, oyes y sientes es real. Tus sentidos ya te han engañado y no te diste cuenta. Pero quienes te rodean no te vieron igual, “actúa raro”, y terminaste en un hospital, uno muy especial. Allí no había salas de cirugías y de rayos X; más parecido a un hotel de paso, solo debes estar: te alimentan con frecuencia, te hablan de emociones, de control, y siempre hay alguien observando tus pasos y anotando.
¿Qué pasó? ¿Cómo llegué aquí? ¿Por qué estoy aquí? No lo necesito, los míos están haciendo un escándalo, pero, estoy bien. Es cierto que necesito descansar, he tenido algunos días difíciles y, tal vez me he apartado un poco, pero estoy bien. Me trajeron aquí, ve tú a saber porque, estoy bien.
Luego sales de ese hospital con tanta vigilancia, y los tuyos te miran con esos ojos, abiertos, atentos, como si buscaran algo en los tuyos, estoy bien…y te tratan como si te vieran de nuevo por primera vez, con un aire a condescendencia, estoy bien, soy yo. Entonces llegas a tu hogar, recuerdas que todos se reían de ti, que el mundo entero te veía y por Dios, esa gente que hablaba tanto en la noche, solo quería dormir, y recuerdas que un doctor te dijo que nada fue real.