Vicky y Alex se dirigen al teatro. Vestidos de manera estrambótica ambos llegan a un oasis de personas fuera de lo común. Antes, durante y después de la obra se celebra una especie de fiesta de los sentidos: parejas que se tocan, drogas y un aura anárquico inundan el teatro y sus alrededores. La pareja vuelve a casa, luego de un festín de altas emociones. Se detienen en un puente mientras Alex observa detenidamente a Vicky. La ciudad descansa, pero su corazón está exaltado por lo recién vivido.
Al fin llegan a su hogar, se ponen ante sus escritorios…pero la anarquía los ha seguido a casa. Varios coches se estacionan fuera y se escuchan los gritos, las amenazas de unos hombres que se muestran dispuestos a hacerles daño. Vicky se pierde entre tanto revuelo. Alex tiene la piel de gallina, está asustado y acongojado por tanto estruendo. Trata de ver por las ventanas…termina encerrándose en una habitación, se queda en el suelo para no llamar la atención.
De pronto escucha la voz de Vicky, ella ha llegado a casa con sus dos hijas. Alex toma un respiro y recuerda, recuerda que solo fueron al teatro, que nadie se tocaba, que nadie se drogaba, y se percata de que fuera de la casa todo está tranquilo, todo paso en su mente. Alex tiene esquizofrenia.